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domingo 7 agosto 2022



- 13/07/22
Y por fin volvimos a ser felices en Epsom
Recuperando sensaciones pasadas y añoranza por tantos recuerdos

por Jesús y Jorge de Miguel

Pasaron años, décadas sin que supiéramos qué iba a detenernos de la liturgia de subir, cada primeros de junio, la colina que desde la estación de tren de Epsom asciende entre parques, bosques y yeguadas hasta el coqueto hipódromos donde todavía hoy muchos sentimos que se entrega una corona al macho de tres años que de momento manda entre los demás. Ni las crisis económicas, ni los exámenes, ni los trabajos, ni siquiera la llegada de los primeros hijos, y luego de los siguientes, nos impedían cumplir con la visita que un día Fernando Savater nos enseñó que había que incluir entre las costumbres hípicas anuales.

 Foto:The Jockey Club

  • Y por fin, la biología, la globalización virológica, lo que por siempre nuestra generación llamará la pandemia, nos hizo un tachón en dos ediciones de la que era larga lista apuntando cada ganador presenciado en vivo. Serpentine y Adayar quedaron como nombres que sólo son fotografías en internet y no testificaciones directas en nuestras retinas.

  • Las pandemias, quizá volverán. En otras formas y volviendo a echar el candado a Epsom, no sería raro retornar a ello dada la deriva actual de la humanidad, en tantas cosas alejada no ya del día en que Diomed venció en la primera edición (en los albores de la invención de la máquina de vapor) sino también de nuestra primera presencia en los Downs, con Benny the Dip siempre en punta hasta le meta (cuando no había atisbo de lo que un día sería internet). Así que a la espera de posibles futuros cierres perimetrales –como el que en 2020 cercó el recinto para evitar cualquier testigo inesperado de la galopada de Serpentine- disfrutemos cada edición en la que Epsom pueda volver a ser una verbena animada por los mejores 3 años del momento.

     Foto The Jockey Club

  • No asistió en esta ocasión la Reina, que sin duda disfrutó en su televisión de un caballo con guiño real en su nombre. Tampoco estuvo Lester Pigott, que cruzó la meta del Derby hasta nueve veces en primera posición, y que unos días antes había sido llamado a los hipódromos celestiales. No estuvo tampoco, ¡ay!, nuestro querido César Guedeja, que con tantísimo esfuerzo físico llegaba siempre hasta el hipódromo de Epsom últimamente y que muy poco después de disputado el Derby salía a esperar al taxi concertado que le devolviera al aeropuerto. ¡Tantos años nos ilustró con su análisis nada más terminar la carrera! Brindamos por él varias veces antes y después del Derby, y nos sentimos acompañados durante.

  • No sé si otros racegoers echaron también en falta a alguien ese día pero seguro que la masa desbordada de las tribunas y del paddock estuvo esta ocasión mucho más habitable. Se movía uno mucho más humanamente por el Grandstand, y coger buen sitio en el paddock para ver a Aidan O’Brien vestir a sus contendientes fue tarea asequible. Se respiraba un aire de edición sorpresa, de inminente ganador desconocido, y al mismo tiempo se presentía también la ineludibilidad de que sí, de que aunque contara con sólo dos salidas a la pista, el potro de Stoute, Desert Crown, era realmente especial y no tenía rivales de entidad. El hijo de Nathaniel cumplió la segundo mientras que de lo primero casi se ocupa Hoo Ya Mal, 150/1 que fue el único que a mitad de recta se tiró a evitar el triunfo de la chaquetilla de Saeed Manana.

     Foto:The Jockey Club

    Pero antes de la salida de los cajones aún llegó otro olor claramente inesperado, el de la pólvora de los fuegos artificiales lanzados desde la azotea del Grandstand, dejando una nube espesa que invadió toda la pista frente a la meta… ¡fatal metáfora! ¡¿Íbamos a estar nuevamente ciegos, otra vez ausentes, de la carrera más esperada del año?! No… esta vez la maldición no duró dos años, sino sólo escasos segundos, la pesadilla pasó y allí estaban otra vez, al alcance de la vista en la lejanía, los cajones de salida hacia los que ya llegaban los contendientes, uno de ellos elegidos por los dioses hípicos para grabar su nombre. Ellos allí y nosotros aquí, a unos escasos cientos de metros, preparados y en una posición con perfecta visión, a un tiro de piedra del poste de madera de Epsom, del poste que como dijo un sabio definía lo que era ese deporte.

  • No, no era un sueño, estábamos otra vez allí… iba a ocurrir y ya estaba ocurriendo, otra vez éramos felices en Epsom. And they’re off!!!!!












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