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lunes 29 noviembre 2021



Gran Bretaña - 30/11/02
CECIL no tira la toalla
Tras otra temporada desastrosa, el que fuera mejor entrenador británico de la última década ofrece una interesante propuesta para ser propietario de caballos de carreras.

Por CFGD

¡Ay, Bernabé, quién te ha visto y quién te ve! Frase popular aplicable al momento que atraviesa el que fuera mejor entrenador británico de la última década, Henry Cecil.

En efecto, la extinta temporada 2002 ha representado un nuevo fracaso para el otrora gran entrenador. Treinta ganadores de 189 partants y un total de sumas ganadas que superan apenas las trescientas mil libras esterlinas serían quizá cifras importantes para otro que no fuera Sir H.R.A.Cecil, habitual en no muy lejanos momentos de las clásicas británicas, partant indiscutible de los Grupos 1. Tan pútrida viene siendo la situación de Cecil en los últimos años que los rumores de retirada han ido adquiriendo día a día, intensidad de trueno. Pero Cecil se obstina –una y otra vez- en negar que tan lamentable declive sea la antesala de un mutis que él no está dispuesto a iniciar por el momento.

Y aunque nadie cree lo que tan seguro afirma, los hechos le dan la razón. Vean: iniciado el otoño, Cecil, consciente del rumbo que llevaban otro año más sus asuntos, echó mano de su imaginación y se dedicó a insertar unos anuncios, solicitando inversores para adquirir caballos de carreras, nada menos que en el Financial Times. Las noticias que corren hablan de que su idea ha recibido una respuesta positiva y que no es descartable que el proyecto del mago de Warren Place llegue a ver la luz.

La idea no es original en Inglaterra, país muy amante de las carreras de caballos y, en similar medida, de las asociaciones y clubes privados en torno a objetivos definidos. Hay muchas cuadras en la Albión compuestas por variado número de miembros, tipo sindicato algunas (cuando son muchos los componentes) o clubes restringidos otras (con menor número de socios), cuadras que llegan a extender su actividad a la cría, con una o dos yeguas de las que previamente han sido propietarios en tanto que corredoras. Y no es difícil encontrar, en las publicaciones especializadas, ofertas de partes de caballos mediante las cuales convertirse en propietario de pura sangres en entrenamiento. La originalidad de la idea de Cecil es que no está dirigida al mundo del turf, sino al de las finanzas, de ahí la publicación en el Financial Times. Cecil ofrece a los “cuellosduros” de la City una forma de inversión distinta, logrando de paso que nuevas caras, dineros frescos, accedan al mundo del turf.

Los términos de la propuesta son –más o menos- los siguientes: Cada parte tiene un costo único de 30000 libras, admitiéndose un máximo de 20 partes. Esa cifra incluye la compra de los caballos, más los gastos ocasionados por los mismos durante dos temporadas, teniendo como objetivo ocho caballos en entrenamiento. Se crearía así un Club restringido de veinte socios, ajenos –en principio- a las carreras, que partiría con un fondo de 600.000 libras con el que adquirir y mantener los ocho animales referidos –obviamente entrenados por Cecil-, sin tener que invertir ninguna otra suma hasta pasadas dos temporadas.

Personalmente, me gusta la idea -aunque tenga no pocas dudas sobre la pertinencia de considerarla una inversión- porque daría acceso al espectáculo a gente nueva que sin tardar sería presa del gusanillo del turf y porque revela que Cecil aún conserva ilusión por una actividad que le ha encumbrado a lo más alto y que –supongo- es su vida. Indudablemente, quién piensa en retirarse del entrenamiento no se dedica a dar tantas vueltas a la cabeza para salir de la miseria turfística en que está inmerso.








 
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