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sábado 28 marzo 2020


Ascot




Gran Bretaña - 08/07/03
ROYAL ASCOT EN VIVO ( I )


ROYAL ASCOT EN VIVO (II)

Por César A. Guedeja-Marrón de Onís

  • Faltan diez minutos para las once cuando salgo del hotel londinense donde vengo sufriendo colas sin cuento, controles de cancerberos del desayuno, esperas interminables de ascensor, limitaciones a sobrepasar líneas fronterizas que protegen a un empleado cualquiera y mil bobadas molestas más. Hacia las 11 y 20 sale uno de los trenes especiales para Ascot, el templo del turf mundial, el santuario de las carreras que alcanza sus cotas más importantes, no las máximas, en el meeting real de la tercera semana de junio, el que da nombre a los reportajes mil que ignorantes de todo el mundo transmiten como el paradigma de la moda. Cosa incierta por aproximada que pueda parecer. Pero que es una idea de esas que “venden”.

  • Sin contar el calentamiento que supone la caza de un taxi o del Metro que conviene, realizamos en el centro de entrenamiento de la estación de Waterloo el primer galope serio del día con la meta de tomar billete de ida y vuelta a precio de Orient Express. Colas de guerra en las taquillas. Cuando algún sujeto de inteligente rostro provisto de una máquina expendedora portátil saca el documento que habilita para viajar y manifiesta que carece de cambio, uno empieza a pensar que el día tiende a ponerse negro. Y no lo digo por el color de tez del expendedor, no, sino porque ese pequeño detalle puede arruinar la posibilidad de llegar a hora RAZONABLE al templo. Lo que oyen. Las carreras empiezan a las 2, 3. Créanme si les digo que no hay tiempo suficiente, Si no se quiere pasar de un frugal acopio de fuerzas nada satisfactorio desde el punto de vista gastronómico, créanme si les digo que no hay tiempo suficiente para llegar sin agobios a las primeras operaciones, hacia las dos, desenvueltas en el maravilloso recinto de ensillado que yo me he permitido llamar “pre paddock”. Es imperdonable, salvo fuerza mayor, estar ausente si se adora la perfección equina. No en vano es un delicioso lugar con boxes en el frontís y hierba circundante a un paseo de arena muy reducido, dónde, desde luego, no es obligatorio que el mozo (portador en el hombro de un brazalete visible que nos dice nombre y número del participante) haga circular al elemento a su cuidado. Por cierto que en los programas, a 2,5 de vellón, figura el nombre del mozo en carreras de grupo 1.

  • El tiempo de distensión es el imprescindible. Luego, en el box correspondiente, “se viste” con silla y mantilla al normalmente puestísimo ejemplar y se le lleva a un paddock de belleza insuperable. Pero no nos adelantemos. Estábamos en la estación de tren. Sin cambio y aterrados ante la posibilidad de perder el convoy de las 11, 20. O así.

    Cuando la desesperación se va apoderando de los que somos quejicosos hombres de poca fé resulta que el vendedor ambulante rebusca en un bolso y encuentra el cambio. Que, por cierto, a la vista de los perjuicios, podría incluso cederse sin duelo. Un gasto pequeño en comparación con los normales del país. No todo está hecho con el término de la operación billete. Hay que integrarse en una masa de gente, vestida de etiqueta o de domingo, que mira los indicadores de los andenes para, en el momento en que las pantallas muestran el número, comenzar a correr literalmente, en plan slalom especial, sin atropellar a delicadas, bastas, zafias o pulquérrimas féminas de punta en blanco con tocados inverosímiles. O a ancianas que van a jugarse el patrimonio con relativa fe. No es fácil batir a los presuntos gentleman enchisterados por razones de envergadura y zancada. ¿A qué el galope?. A tomar asiento en el tren, por las bravas si es preciso, en virtud de varias razones. La primera es que, en una distancia bastante corta, el a veces vetusto convoy, de los tiempos del invento de Stephenson, invierte la nada despreciable cantidad de tiempo de más de una hora. Que en alguna ocasión ha llegado a dos. Tela para seres de provecta edad. Porque la cosa no consiste solo en ir de pie sino en pasar calorcito del bueno y mantener postura en escorzo increíble, como un remate de Santillana... duradero. La segunda es que hay que leer y ESTUDIAR el periódico, excelente, de calidad suprema, donde tenemos partants, antecedentes, comentarios y el Evangelio hípico del día. Imprescindible, so pena de perder hasta la camisa en apuestas o el mejor aprovechamiento y disfrute sobre las probabilidades de los candidatos y sus trayectorias. Hay otra alternativa mucho más recia. Cabe comprar el cotidiano hacia la 1 de la mañana del día anterior y pasar la noche como un estudiante bajo presión.

    No es una posibilidad remota que uno se vea empapado, parcialmente, eso sí, de champagne, si por azar tiene usted al lado a un grupo de libadores sin descanso que comienzan (es una presunción) el día con una botellita por cabeza antes de llegar a la estación de destino. El descorche puede superar en emoción a una llegada de infarto.

    La juerga en el viaje es constante. Es una fiesta. Nada ruidosa pero cierta. A diferencia de los iberos, los pictos usan los propios recipientes para beber espirituosos varios o bien, lo que es peor para culturas como la continental, vasos de plástico. Nada de botas ni tortilla. Lo que, reconozcámoslo (sería dantesco en la situación). En los cánticos y en el deseo de suerte, se supone que en apuestas , sí pueden verse similitudes. Aunque la moderación domina, a diferencia de lo que ocurre cuando las carreras acaban, arrojando un número de beodos difícil de calcular. En el aspecto que hace al ferrocarril, la verdad, sin nacionalismos idiotas, nada que ver. Es asombroso lo que se ha progresado en ese terreno en la piel de toro. Nuestros trenes, todos, incluyendo cercanías, y no digamos AVE etc, son otra galaxia. Como Butragueño. O como el nivel de las pruebas que salpican el meeting. Afirmación indiscutible que arruina el orgullito que manifestábamos con el asunto del transporte +. Porque lo que es respecto al turf, Ascot no es otra galaxia: es otro Universo, si existiere. Como Maradona. Si no, hay que inventarlo para describir la sima que nos separa.

    Basta para ello la calidad y la simple mención de Dubai Destination (Queen Anne St.), Zafeen (St. James’s Palace St), Nayef (Prince of Wales St.), Choisir (Golden Jubilee St.) o Russian Rhythm (Coronation St.), por citar solo los ganadores y ganadora de grupos 1, toda vez que principios irrenunciables le impiden a uno incluir al restante ganador de esa categoría, el de la Copa de Oro, al ser en mi opinión una filfa de carrera, tal vez la peor del meeting, año tras año. Solo a título informativo, recordatorio más bien, digamos que Mr Dinos la ganó con facilidad.

  • Pero sigamos con nuestra aventura. Henos aquí llegados a la estación de Ascot. . Un país como Dios manda pues muchos hipódromos tienen estación al ladito. Ya, a las doce y pico de la mañana, hay un ambiente extraordinario. La masa de gente que vomita el tren va lentamente trasladándose hacia la salida, en ocasiones atravesando otro tren. Como lo leen. Cancerberos de su RENFE controlan el título jurídico para haber efectuado el viaje, enlenteciendo el ritmo de la masa. Una vez desligados del trámite alcanzamos la vía asfaltada que lleva al hipódromo, salpicada de floristas (a tres libras la lila , por ejemplo), reventas de entradas de “Grand Stand” (a 50 palomas), músicos variopintos, bailarines de claqué , pedigüeños para obras de caridad, discretos pero inagotables, y otras especies que incluyen peregrinos del pub cercano al apeadero. El panorama, aún limitado por las vallas que limitan la senda, es ya muy bonito, anunciando lo que es la visión del templo en su interior, que es inmensamente atractivo. Pero aquí ya se produce el segundo galope del día con un final en colina que pone a prueba la clase y la forma de todos los homínidos que, insensiblemente, por las ansias de llegar, vamos avivando el paso. Y llegamos, al fin al templo. Pero, a partir de ahí, tenemos otra historia por delante que continuaremos muy pronto, con protagonistas como los citados y hasta un nieto de Teresa. El tiempo destructor no cesa tampoco de galopar.










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