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martes 7 diciembre 2021



Argentina - 26/12/03
“No hay mal que dure cien años...”
Un año cargado de optimismo y con proyección de triunfo para los que vendrán

por Gonzalo Valcarlos

En materia turf termina un año difícil. Se pasaron momentos de incertidumbre, desencuentros, vicisitudes de todo tipo. Incluso hasta se habló del cierre de un hipódromo central en Argentina. Cosa de locos, sí, pero la situación económica global del país, hacía “caer” cualquier tipo de empresas. Por supuesto, la industria del turf, no estuvo nunca ajena a esta circunstancia.

En Argentina, los tres hipódromos más importantes de la república, están divididos en dos sectores. Aquel que pertenece a la jurisdicción federal, Hipódromo Argentino y los restantes, La Plata y San Isidro, al orden provincial.

Cuando las fuerzas vivas del turf, hicieron oír su voz, haciéndole notar a las administraciones de turno, la grave crisis por la que atravesaba el sector, en desmedro de los miles y miles de trabajadores, directos e indirectos, desde el ámbito gubernamental, no importa el color político, se enmendaron promesas que posteriormente resultaron ser solo eso, promesas...

El arribo del Ing. Felipe Solá a la gobernación del primer estado argentino, hombre conocedor del tema, siempre inmiscuido en asuntos agrarios y todo aquello que tenía que ver con el tema, desembocó en cambios sustantivos para el turf provincial.

Se renovaron las esperanzas de muchos. Aquellos mensajes de un hombre de la función pública en favor de la actividad fueron tomando forma en la práctica y fue allí, cuando hubo un punto de inflexión entre lo que pasaba y lo que estaba por venir.

Se consiguió aumentar los premios, hubo mejoras administrativas en los tres hipódromos más representativos de la nación, la rapidez en cuanto a “medidas por tomar”, fue la premisa de aquellos que legislaron en el punto más critico. Y los resultados no se hicieron esperar.


De ahora en más...

En estos días se está discutiendo la nueva Ley del Turf, que resulta innovadora en muchos aspectos, pero que también, debo admitir, presenta puntos que deberían reverse para su mejor implementación en los hechos.

Gremios y gerenciadores de hipódromos, están dirimiendo por uno y otro sector, con la mira puesta en sacar una Ley que otorgue a la actividad turfística el lugar que le corresponde.

Como en todos estos casos, los intereses en juego son muchos. Será entonces el momento histórico para dejar a un costado todo aquello que haga generar cierto malestar en el ámbito de la discusión y reflote la idea de “unión”, cosa que, hasta el instante de escribir estas líneas, no existe.

De todos modos, la discrepancia en uno u otro punto de la Ley no es lo central. Lo importante es alcanzar el objetivo. Y esto, precisamente, es el motor que genera los encuentros y disensos entre los popes de la actividad.


Los balances

Positivos en algunos aspectos y negativos en otros. El turf argentino, salió del “coma”. Con “ayuda” por cierto, porque de no ser así, esto hubiera tenido un desenlace por demás extremo y las consecuencias hubieran sido devastadoras.

El llamado “Fondo de Reparación Histórica del Turf”, es decir, un ingreso de dinero mensual a las arcas del turf provenientes del producido de los slots instalados en bingos, casinos, agencias, etc., produjo en la hípica nacional una fuerte recuperación.

Pero ello solo no basta. Se debe accionar en función de todo el conglomerado que encierra este divino deporte. Y a ello se apunta por estos días.

Enero y febrero son meses discretos en cuanto a decisiones políticas de peso en cualquier ámbito de la vida nacional.

Soy optimista y creo que la temporada entrante, el turf, recuperará cierto nivel concordante con las medidas adoptadas con relación a la nueva Ley.

Son horas decisivas, los plazos se agotaron, los límites se traspasaron y el turf tocó fondo. Emulando a un gran humorista argentino como lo fue Alberto Olmedo y sobre uno de sus dichos: “...siempre que llovió, paró...”












 
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