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martes 7 diciembre 2021



Francia - 23/08/04
FARSA en el P. de la NONETTE
La carrera se anulaba, devolviéndose todas las apuestas efectuadas, quedando pospuesta para el próximo martes

Por CFGD

La sucesión de pruebas de Grupo programadas para la tarde de ayer domingo en el hipódromo de Deauville debía iniciarse con la celebración de un P. de la Nonette que se había ido devaluando por la retirada de tres de sus primitivas partants, principalmente la imbatida LATICE.

  • Quedaban pues sólo seis potrancas a las órdenes del juez de salida cuando, al producirse ésta, el cajón correspondiente a TRINITY JOY se abre con un ligero retraso sobre el resto, de manera que el starter la invalida de inmediato. Hasta ahí, todo entra en lo posible y normal, dentro de los múltiples avatares que pueden acompañar a una carrera de caballos. Lo inaudito es que tres de los jockeys de las integrantes del mísero lote –SHAPIRA, GREEN SWALLOW y POLYFIRST- no ven al asistente del juez de salida que agita cien metros más adelante la bandera indicativa de la nulidad de la largada y continúan corriendo, a vil paso de carreta, hasta el final, disputando entre ellas la carrera, mientras sus compañeras son llevadas a las cuadras por sus responsables.

  • Los Comisarios no tardan en adoptar una decisión parcialmente salomónica: se anula la carrera, se devuelven las apuestas al público y se programa la prueba para el próximo martes, antes de que se corra el programa establecido para esa fecha, sin apuestas y sin que las retiradas puedan entonces ser de la partida. Paralelamente –y esta es la parte menos salomónica del asunto, a nuestro juicio- se impone a los tres jockeys “ciegos” la sanción de cuatro días de puesta a pie y una multa de €1000, sanción que se nos antoja a todas luces ridícula, en claro agravio comparativo con otras infracciones de menor gravedad que han sido castigadas con mayor dureza.

  • Los jockeys afectados por tal medida son O. Peslier –que se disculpa diciendo que estaba sólo preocupado por ver dónde ponía las manos su montura porque estaba muy nerviosa y temía andar sobre las patas de la de delante y caerse-, Jira Palik y…¡Cómo no!...Jamie Spencer, que lo mejor que podía hacer es irse a casa y, una vez se asegure de que el techo y el piso de su dormitorio son sólidos, meterse en la cama hasta que terminen de sonar las campanadas del 31 de diciembre. El muchacho está envuelto en todos los desastres posibles esta temporada y la citada medida podría evitarle males mayores.

  • El incidente ha servido para un incesante bla-bla, con opiniones para todos los gustos, destacando el furibundo rebote que tenía Stevens que no comprendía cómo sus compañeros no habían visto la bandera y que se quejaba amargamente de que pagaran todos por los errores cometidos por otros. Opiniones aparte, puede que el juez de salida se mostrara en exceso riguroso a la hora de darla por nula ya que el retraso en abrirse el cajón de marras fue mínimo y, de hecho, es un incidente que no se produce por vez primera en una largada, sin que en esos casos se adopten medidas tan drásticas. Sin embargo –ejerciendo de abogado del diablo-, hay que darse cuenta de con quién nos jugamos los cuartos y, en ese sentido, los galos hilan muy fino cuando existe la posibilidad de que los euros de escapen de su caja. Vean: si el Juez da por buena la salida y en la meta se produce una derrota de la potranca perjudicada por medio cuerpo o menos, entra dentro de la lógica que el propietario del segundo reclame, ante quién haga falta, una indemnización por la suma destinada a ese primer puesto que –en pura teoría, de no haber existido el fallo en la apertura del cajón- habría logrado su potranca. Pleito ganado, porque las pruebas eran claras, que habría supuesto a France Galop un doble desembolso, al resultar impensable que le quitaran el importe a la entrada físicamente en primer lugar.

  • El suceso va a dar lugar a que la edición 2004 del P. de la Nonette no deba ser tenida en cuenta en ningún historial porque –presumiblemente- el martes no van a participar las tres potras que tienen derecho a hacerlo, con el resultado de una fuerte devaluación de la carrera.

  • Como no hay mal que por bien no venga, el incidente sirve para demostrar a los galos que son tan falibles como cualquiera, que sus cajones pueden estropearse, sus sistemas ser insuficientes y sus decisiones resultar discutibles, que –en pocas palabras- también se equivocan y están lejos de ser el ombligo del mundo. Pero mucho nos tememos que sea de aplicación el dicho de que “no hay más ciego que el que no quiere ver”








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